Por esta razón, advirtieron en ese entonces los científicos, si su tamaño continúa creciendo -debido al uso de clorofluorocarbonados, unos gases utilizados comúnmente en los aerosoles- aumentarán también los casos letales de cáncer piel a causa de la exposición a los rayos solares.
El agujero está ubicado por encima de la región antártica. Aquí se ve su estado en 1999.
El descubrimiento realizado por Joe Farman, Brian Gardiner y Jonathan Shanklin se convirtió en un símbolo de la fragilidad de la Tierra y en un emblema de la lucha de los ambientalistas.
La seriedad de la amenaza ambiental fue tal que dos años después de que se publicara el estudio se firmó el Protocolo de Montreal, que prohibió el uso de sustancias químicas como los clorofluorocarbonados y obligó a los científicos a buscar alternativas para reemplazarlos.
Pese a la existencia de este protocolo y al conocimiento de que estas sustancias permanecen durante años en la atmósfera, su uso está permitido en algunos casos.
La ofensiva contra estos gases permitió frenar el crecimiento del agujero, pero se calcula que deberán pasar al menos unos 100 años para que se recupere por completo. |