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LA ONU CONSIDERA EL CONSUMO DE INSECTOS

El organismo mundial está estudiando los beneficios de incluirlos en nuestra dieta. Analizamos por qué sería recomendable.

La ONU considera el consumo de insectos

¿Qué le apetece hoy para comer? ¿Hormigas, arañas, cucarachas, un combinado de todos? En muchos países del mundo se comen insectos de forma habitual pero para los más occidentalizados la sola mención de esta práctica todavía genera miles de gestos de rechazo, caras de asco y un sinfín de escrúpulos.

Ahora Naciones Unidas está considerando seriamente recomendar la ingesta mundial de insectos por cuestiones relacionadas con el propio interés de la población mundial, más allá de criterios exclusivamente gastronómicos.

La producción y el consumo de carne requiere tanta tierra y produce tantos gases invernaderos que debemos buscar alternativas, como comer bichos.

Y se estima que más del 80% de la población del mundo incluye algún tipo de insecto en su dieta habitual.

El profesor Arnol van Huis, entomólogo de la Universidad de Wageningen en los Países Bajos y consultor para la Organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas, (FAO por sus siglas en inglés) afirma que los beneficios medioambientales de comer insectos son numerosos.

"Los insectos son capaces de convertir la comida en proteína de forma mucho más efectiva que otros animales, porque son animales de sangre fría y no necesitan calentar su cuerpo".

"Producir un kilo de carne de vaca requiere 13 kilos de hierba o materia verde. Sin embargo un kilo de carne de un grillo, un escarabajo o una langosta simplemente necesita 1,5 o 2 kilos de forraje y produce una fracción de las emisiones de dióxido de carbono", explica.

Crisis de carne

Todo esto hay que ponerlo en el contexto de la crisis de carne en la que vivimos o viviremos en el mundo próximamente.

Se cree que la población mundial pasará de 6.000 a 9.000 millones de personas de aquí al 2050. Y es un hecho demostrado que a más desarrollo se consume más carne.

"Aplicar las matemáticas es sencillo. De media, en occidente, se consume 120 kilos de carne por persona. En China la media es de 80 kilos por cabeza, pero nos están alcanzando rápidamente", dice el investigador.

"Si cinco mil millones de personas comen 100 kilos de ternera o cerdo, necesitaremos cultivar una media de 6,5 billones de kilos de forraje al años".

"No hay suficiente espacio o nutrientes en la Tierra para soportar esto y eso supone que los más pobres simplemente se morirán de hambre".

"Lo bueno con los insectos es no sólo que requieren menos comida para ser criados, sino que no necesitas comer tanto para sobrevivir. Son una fuente extraordinaria de proteínas y vitaminas", añade.

En Tailandia ya existen 15.000 granjas de crianza de grillos domésticos para consumo humano.

En el sureste de África, la industria de las orugas de mopane está valorada en US$85 millones y es una fuente importante de proteínas para las poblaciones indígenas.

Menú de insectos

Entonces, ¿por qué no consumirlos?

Al parecer, según afirma el profesor van Huis todos los impedimentos para que los insectos pasen a formar parte de los menús occidentales son puramente culturales: son todo prejuicios.

Una de las principales prejuicios que se argumentan es que los insectos no son sabrosos, "pero si se cocinan correctamente pueden ser deliciosos", afirma el investigador.

"No hay ninguna razón para no comerlos, en cuanto al sabor o nutricionalmente, no hay diferencia entre una comida de insectos, pájaros o mamíferos".

"Es cultural, cuando habló con muchas personas en África dicen que cuando llegaron los misioneros les dijeron que no debían comer insectos porque era bárbaro y primitivo. Y cuando la gente se traslada a la ciudad y adquiere un comportamiento más occidental abandonan esta práctica. Está realmente determinado por la cultura", concluye.

No se preocupen. Para vencer la aprensividad occidental y las reacciones de asco ante el pensamiento de un manjar de insectos la industria ya está estudiando extraer las proteínas de la carne de los bichos e introducirla en productos y texturas más acordes al gusto del paladar occidental.

Menú de Insectos

DE CLICK EN LA IMAGEN PARA AGRANDAR (CLICK IN THE IMAGE TO ENLARGE)

 

En muchos países como México, insectos como los chapulines, chinches, gusanos de maguey, escarabajos y hormigas son considerados verdaderas delicias culinarias.

Aunque esto parezca raro, en realidad es una costumbre que viene desde tiempos prehispánicos en varios países de Latino América, Asia y otras partes del mundo cuya finalidad es curar diversas enfermedades digestivas, respiratorias, nerviosas, etc.

   

Sugieren que se haga porque quizá, debajo de una piedra, en el tronco de un árbol, en un nido o entre agonizantes cultivos, se encuentre un manjar.

Los pronósticos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) advierten que la meta mundial de reducir a la mitad la hambruna para el año 2015 podría ser inalcanzable.

El aumento en el precio de los alimentos, los fenómenos meteorológicos producidos por el cambio climático, la escasez de agua y de tierra para sembrar ocasionaron que, en 2009, se sumaran 105 millones de personas a la lista de hambrientos del planeta, en lugar de reducir la cifra.

En México, la Secretaría de Salud ha contado a 1 millón 400 mil niños con anemia crónica.

Para garantizar la seguridad alimentaria, investigadores mexicanos han viajado por el mundo para informar a los líderes de las naciones que uno de los remedios está en la misma naturaleza, en los insectos y otras especies que consumían nuestros ancestros.

La mayor parte de la población rechaza comer insectos por su desagradable apariencia, pero los especialistas aseguran que al ingerirlos ofrece al organismo todos los nutrientes que necesita, pues, según su tipo, contienen vitaminas A, antioxidantes, proteínas, hierro, yodo, zinc y grasas omega 3 y 6. VIRGINIA MELO RUIZ, investigadora del Departamento de Sistemas Biológicos de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), unidad Xochimilco, es una de las científicas que ha recibido premios internacionales por sus aportaciones en la materia y ha asesorado a gobiernos como el de Nigeria para abatir el hambre.

El último de esos premios, lo recibió el año pasado en el Sexto Congreso de la Federación Europea de Lípidos, celebrado en Atenas, donde obtuvo el primer lugar de un total de 956 investigaciones.

“Los insectos son los primeros que se reprodujeron después del desastre causado por la bomba atómica en Hiroshima y la mayoría de ellos seguramente sobrevivirán al cambio climático, así que en muchos países será el único alimento accesible, así que hay que regresar a la tradición de los ancestros”, destaca la investigadora de la UAM.

Cinco chapulines = una ración de carne Los platillos hechos con alimentos no convencionales pueden ser variados.

De entrada puede comer quesadillas de huitlacoche con cucaracha de agua o unas tostadas con crema de chile poblano y gusano elotero.

Para el plato fuerte puede elegir una rata de campo asada y la guarnición de su preferencia, escamoles fritos con mantequilla o chapulines con guacamole.

Y de postre, una mermelada hecha con gusano de mango. VIRGINIA MELO RUIZ decidió estudiar las bondades de los insectos en un viaje que realizó a Oaxaca hace 35 años.

“Vi que vendían los chapulines y que la gente de ahí los comía ocasionalmente. Cuando me acerqué a ellos para preguntarles por qué los comían, a qué sabían y cuáles eran los beneficios al comerlos, la gente no sabía, sólo me dijeron que los comían por tradición y entonces me traje unos chapulines al laboratorio para saber si contenían algunos nutrientes”.

A través del lente del microscopio, observó que los chapulines tienen vitamina A -elemental para la vista-, vitamina E -antioxidante- y hasta un 75% de proteínas que el organismo no produce pero necesita consumir.

En México, hay 44 especies de chapulines. Luego, desnudó en el laboratorio los gusanos rojos de maguey que los oaxaqueños mezclan con sal para acompañar el mezcal y capturó acociles.

Descubrió las mismas propiedades en ellos.

En Malinalco, Morelos, hizo un estudio con los gusanos de mango, pues los campesinos se quejaban del mal que ocasionaban en sus cosechas.

“A ellos les expliqué que los gusanos de mango, de nopal, de elote y todos los que crecen en las frutas y verduras se alimentan de la pulpa y por lo tanto, al comerlos contienen los mismos nutrimentos”.

Así que experimentó y elaboró una mermelada con el mango y los gusanos incluidos.

“Los campesinos me decían que la gente no iba a querer comprarles una mermelada que tuviera gusanos, pero en cuanto se les dio a probar tuvo muy buena aceptación y ahora también elaboran nieve de mango con gusanos”.

En Xochimilco, VIRGINIA MELO RUIZ hizo una prueba similar. Fue al río, capturó las cucarachas que nadan en abundancia en esa zona y las llevó al laboratorio.

“Tienen también muchas proteínas y saben ricas, como a camarón”. Para que la población acostumbrara a comerlas, la investigadora y su equipo elaboraron arroz y lo mezclaron con la cucaracha frita.

“La gente se comía el arroz, pero le quitaba lo negrito que era la cucaracha.

Entonces se nos ocurrió que, para disimularla, la podríamos mezclar con huitlacoche y la gente la come así sin problema”.

También tuvo éxito la crema de chile poblano con gusano elotero. “El gusano elotero es verde y cuando hicimos una crema con él pues el aspecto no era muy bueno por el color, pero tuvimos la idea de ponerle rajas de chile poblano y fue muy bien aceptada”.

ESO QUIERE DECIR QUE EL ASPECTO DE LOS INSECTOS ES EL ÚNICO IMPEDIMENTO PARA CONSUMIRLOS, PERO NO SE PUEDE NEGAR EL ALTO CONTENIDO NUTRICIONAL Y LO SABROSOS QUE SON”, insiste la científica.

Así que en los congresos internacionales a los que ha acudido y ante la mirada atónita de los asistentes que se extrañan al saber los insectos que se consumen en México, Virginia Melo siempre refiere que todos los países tienen las mismas posibilidades de superar la hambruna y la anemia, pues, por ejemplo, 100 gramos de chapulines contiene 70% de proteínas, mientras que un trozo de carne da sólo el 15 o 20% de proteínas.

“En Tailandia tienen el gusano de bambú y el cucarachón de agua. En Australia, el gusano del árbol de witchery, (DE CLICK EN EL NOMBRE PARA VER LA FOTOGRAFIA, CLICK IN THE NAME TO SEE THE PICTURE).

En Africa del Sur, el gusano mopane y la hormiga chicatana, que en Colombia se le conoce como culona.

En Tailandia a esa hormiga se le conoce como maipen y en Brasil es tanajura y en fin, los hay en todo el mundo, sólo varía la especie, pero la riqueza nutricional es la misma”, explica VIRGINIA MELO RUIZ, quien ha estudiado un total de 107 especies de insectos o alimentos no convencionales.

Del campo a la mesa La rata de campo que abunda en Zacatecas y San Luis Potosí está incluida en el plato del buen comer de la alimentación no convencional.

“Tiene un sabor parecido al conejo -dice VIRGINIA MELO RUIZ- y para que se consuma, los vendedores suelen usar su nombre científico como el Apodemus Sylvaticus”.

En Zacatecas, Filiberto Vázquez vive de la venta de rata de campo para consumo humano.

El precio de cada ejemplar oscila entre los 20 y 25 pesos y los reparte en los mercados de por lo menos cuatro municipios.

“A los zacatecanos nos dicen los comer ratas pero no nos importa porque lo que saco al venderlas es el sustento de mi familia y tienen muchas proteínas”.

ESCAMOLES fritos con cebolla y epazote, en tacos con guacamole, plato para compartir como entrada.

• 1 Taza de escamoles
• 2 cucharadas de mantequilla
• 1 cucharada de aceite de olivo
• 1/4 de cebolla finamente picada
• 1 diente de ajo finamente picado
• 1 rama de epazote picado
• sal al gusto
• guacamole

Preparación:

Derretir la mantequilla en un sartén caliente, agregar el aceite y freír la cebolla, moviendo continuamente, incorporar el ajo y, finalmente, los escamoles y el epazote, cocinar por cinco minutos sin dejar de mover la mezcla, sazonar con sal y servir con aguacate.

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