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La virtud de la paciencia

Mi madre siempre me dice “debes ejercitar mejor tu paciencia”. Yo siempre había creído que la paciencia era para los viejos y los indecisos, los que no conocen que las cosas se pueden hacer mejor y más rápidas. Para mí la paciencia era un término anacrónico que significaba algo parecido a aburrición.

Pero he de decir que no soy la única persona que conozco que se desespera fácilmente.

Desde que tenemos acceso al Internet y otras tecnologías, en general muchos de nosotros pensamos que las cosas deben hacerse ipso facto. La espera es algo desconocido para el mundo actual. Una página web que tarda más de un segundo en materializarse frente a nosotros nos haces suspirar con desesperación, ya ni se diga de un semáforo mal sincronizado en el camino a la oficina o estar en fila detrás de una viejita que intenta pagar sus cuentas en el banco pero no se entiende con el cajero.

Pensamos que la espera y la contemplación es mejor dejarlas a los monjes cartujos, pero en realidad es una virtud que todos necesitamos más de una vez en la vida. Alguna vez leí que la ira es como tomar veneno y esperar que tu enemigo muera. Y hoy, después de haber esperado 6 días para tomar un avión de vuelta a casa después de la crisis aeroportuaria en Europa debo decir que pienso que la impaciencia es algo similarmente ridículo.

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Hay cosas que no puedes cambiar, que toman su propio curso y tardarán lo que tengan que tardar para llegar a su fin, te guste o no. La impaciencia entonces no es más que una forma de torturarte a ti misma. La situación no iba a cambiar sin importar mi nivel de estrés, coraje, desesperación o lo que fuera que me causó agruras cada día desde que comenzó la crisis. Era obvio que yo no iba a poder hacer nada para que la aerolínea me devolviera a casa. La única que elevó su nivel de estrés fui yo. De haber aprendido a ser más paciente, como siempre lo recomendó mi madre, incluso hubiera aprovechado mejor mi estancia alargada en Londres.

LO BUENO ES QUE LA PACIENCIA ES ALGO QUE SE APRENDE, PUES DEFINITIVAMENTE NO SE NACE CON ELLA.

Pero para hacer acopio de paciencia tuve que pasar por varias etapas. Creo que no fue hasta el tercer día de espera que comencé a comprender que había mejores cosas que hacer que desesperarse. Desde ahora en momentos de espera subsecuentes espero poder llegar a la paz que trae la paciencia de manera más fácil. Aquí los pasos que seguí para poder dominar la virtud de la paciencia y obtener paz mental:
1.- Primero, debí parar mi cabeza. Por un par de días lo único que hice fue pensar en qué hubiera pasado si hubiera salido un día antes. Por qué es que estaba en esta situación ¿Por qué?, ¿por qué?, ¡por qué! Pero hubo un momento en que tuve que darme cuenta que había perdido la batalla. No podía seguir peleando contra lo inevitable.

2.- Segundo tuve que aprender a vivir el momento y contemplarlo. No había nada que podía hacer, entonces me propuse comenzar a contemplar lo que pasaba a mí alrededor.

Si iba por un café al Starbucks me sentaba a disfrutarlo como si hubiera sido algo sumamente especial, tenía todo el tiempo del mundo para tomar ese café, así que lo mejor era saborear cada trago.

3.- Relajar el cuerpo. Cuando estás desesperado, quizá de forma inconsciente, estés tensando cada parte de tu cuerpo. Aprender a reconocer este estado es importante para luego relajarte. Sincronizar tu cuerpo a este tiempo de espera es fundamental.

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4.- Comprendí que la paciencia no es negligencia. Hay que aprender a diferenciar entre ser paciente y no estar haciendo nada por mejorar una situación que no es perfecta. Ser paciente se define en el diccionario de la Real Academia Española como “Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho”. De esta manera, estar relajado pero sin dejar de buscar eso que se desea se paga con paz mental. Algo que en ciertos momentos no tiene precio.

Después de esta odisea no puedo decir que me convertí en el Dalai Lama, pero si mejoré mi estado de ánimo, logré relajarme y al final, cuando tomé el avión de vuelta a casa todo se veía desde una mejor perspectiva y las 10 horas de vuelo me parecieron un abrir y cerrar de ojos. Cuando dejas la pelea con el tiempo y el estrés entonces ganas paz y tiempo de verdad. Tu tiempo se expande, y aprovechas cada instante. En mi columna pasada deseaba llegar a casa y finalmente aquí estoy, con paciencia, escribiendo esta nota.

Y tú ¿crees que es bueno ejercitar la paciencia? ¿Cómo lo logras?

 

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