Qué fastidioQué fastidio
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¡Qué fastidio!
 

Enfado, cansancio, aburrimiento, tedio. Todos sinónimos de la palabra “fastidio” según el diccionario de la Real Academia española. Todos sinónimos de un estado de ánimo por el que es imposible no haber atravesado en algún momento de la vida.

¿Qué deja en evidencia el fastidio? ¿Puede reconocerse y remediarse? ¿Cómo se sale?

Si bien no hay una edad en la que “el fastidio” se instale con mayor facilidad, basta pensar en el fastidio de los niños o de los adolescentes para notar otras características de la personalidad de quienes lo padecen. Cuando están fastidiosos, los más jóvenes se vuelven caprichosos, disconformes,  malhumorados, y uno siente que por alguna razón es imposible ayudarlos a cambiar ese cuadro que les genera malestar (se encierran aún más).

Algo similar pasa con los adultos. Frente a una situación que no les gusta (o una persona), en vez de tomar distancia, de alejarse, los individuos  fastidiosos se quedan padeciéndola, sufriéndola. Y éste no es el único problema. Resulta también que quien es víctima del fastidio, lo sociabiliza. Es raro que un fastidioso sufra en soledad.  Necesita de una buena puesta en escena para que todos lo sepan.

Hay algo de exigencia desmedida en el fastidioso. De querer estar, tener o hacer una cosa diferente a la que se quiere, se tiene o se está haciendo. Parte de la solución pasa entonces por aprende a disfrutar del aquí y ahora; por entender que muchas veces hay que transitar un proceso (no siempre ideal) para llegar al resultado esperado. De tener paciencia. Y de tomar conciencia de que los otros no tienen por qué padecer nuestro fastidio ya que al “molestar con nuestra molestia” los estamos alejando, y establecemos un vínculo negativo del que después tendremos que salir y que seguramente demoraremos en recomponer.

 

Cuatro preguntas que conviene hacerse cuando nos sentimos fastidiados:

 

- ¿Esto que me enoja es remediable?

 

- ¿Depende de mí cambiarlo o de los otros? ¿Hay margen?

 

- ¿Qué imagen genero en mi entorno al comportarme así? ¿Me gusta?

 

- ¿Qué puedo hacer para modificar mi humor en esos momentos?

Responderse a estas preguntas, por lo menos, te ayudará a saber si tu fastidio tiene remedio o no.

Ya sabemos que reconocer un defecto puede ser un buen principio para cambiarlo.

¿Qué cosas te fastidian? ¿Logras salir de ese estado? ¿Cómo?

 

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