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LA VERDADERA IMPORTANCIA DE LA INEXISTENCIA DE "EL PÍPILA"

 
By Francisco Martín Moreno  
 
   

Creo, sin temor a equivocarme, que uno de los pasajes más emotivos y estremecedores que, como niños y estudiantes, conocimos en la escuela primaria, fue, sin duda alguna, la gesta inolvidable de este joven, tal vez campesino, tal vez minero, conocido como Juan José de los Reyes Martínez, alias “El Pípila”, quien arrastrando una losa, una losa ciertamente muy pesada, cargándola sobre la espalda, pudo acercarse hasta la puerta misma de la Alhóndiga de Granaditas para incendiarla y permitir la entrada del Ejército Insurgente a esta plaza altamente estratégica, dominada por las fuerzas realistas.

Es claro, que los planes para penetrar y tomar la plaza eran vitales, por lo que la losa jugó un papel determinante, según nos contaron, al impedir que el famoso Pípila fuera abatido por las balas disparadas desde la azotea de la Alhóndiga. Sin duda alguna, estaríamos frente a la figura de uno de los grandes héroes de México, puesto que se jugó la vida a cambio de conquistar la libertad y la independencia de la Nueva España.

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La historia no puede ser más estremecedora, porque cuando niños nos imaginábamos cómo este joven humilde, descalzo y con traje de manta, protegido por aquella inmensa piedra que amenazaba con aplastarlo, pudo acercarse hasta la puerta para incendiarla con el fuego de una antorcha y permitir, así, la entrada de las tropas insurgentes. El hecho, sometido, a la más elemental lógica, resulta inverosímil, pues es evidente que si la puerta no pudo ser destruida con el poder explosivo de las bombas disparadas por la artillería del Ejército Insurgente, encabezado por Hidalgo y Allende, más difícil le hubiera sido a este joven llegar a prender el fuego necesario para permitir el acceso a la Alhóndiga.

Al respecto es pertinente aclarar que únicamente Carlos María de Bustamante, relata con precisión los hechos, mismos que no fueron recogidos por otros cronistas de la época, ni siquiera por algún narrador insurgente o algún pintor que hubiera podido reproducir este heroico pasaje con sus pinceles. No consta por ningún lado, salvo en el caso citado, la existencia de este joven minero, humilde y amante de la libertad, que se hubiera prestado para una gesta heroica de semejante naturaleza. Tampoco se registra el hecho de que el propio cura Hidalgo lo hubiera animado a acercarse cubierto por la losa, con lo cual reconocía que la artillería y el poder militar insurgente habían fracasado.
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No, no hay evidencia histórica de la existencia de El Pípila y, sin embargo, la supuesta participación de este personaje no solamente nos atrapó y nos llenó de fantasías en la primaria, sino que existiera o no, fue una de nuestros primeros contactos con la figura de un héroe humilde, de un joven dispuesto a dar la vida a cambio del bien y de la prosperidad de la patria. Con independencia de cualquier dato biográfico, lo importante es el ejemplo, la marca que El llamado Pípila dejó en nuestras mentes infantiles, pues no dejamos de reconocer la audacia necesaria para llevar a cabo su cometido, así como el peligro inminente que corría al jugarse la vida.

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Creo también que, en otro orden de ideas, un país requiere de héroes, un país requiere de ejemplos gloriosos, de patriotas, como es el caso de El Pípila, para sentirnos orgullosos de nuestra nacionalidad y conocer hasta qué extremo se requería coraje y determinación para acometer un objetivo tan riesgoso como el que atacó audazmente el joven Juan José de los Reyes Martínez.

Si se pudieran comparar hechos heroicos, valdría la pena hacerlo al considerar la actitud asumida por El Pípila y también por los Niños Héroes de Chapultepec, 37 años después. Todos los niños, todos los estudiantes de la escuela primaria no ignoramos lo que aconteció en aquella ocasión en la Alhóndiga de Granaditas, ni mucho menos en el Castillo de Chapultepec, cuando fue tomado por las fuerzas norteamericanas durante la guerra intervencionista del año 1846 a 1848. Sin duda alguna fue uno de los primeros momentos en que tuvimos conocimiento de hechos heroicos que estimularon nuestra imaginación, hechos heroicos que nos llamaron a amar a la patria, a quererla y a vivir y recordar el ejemplo de estos jóvenes que ofrendaron su vida a cambio de la libertad.

Si bien es cierto que la figura del Pípila pueda ser absolutamente falsa, dado que escasamente está documentada su existencia, lo que no es de ninguna manera falso, es el ejemplo que nos dejó de amor a México. ¿Que fue una fantasía? ¿Que fue una mentira? ¿Que es una falsedad? Puede ser, yo por mi parte he luchado durante muchos años de mi vida para desbaratar mitos, sólo que hay mitos que bien valdría la pena no sólo recuperar, sino exaltar por todos los sentimientos patrióticos que puede despertar en la juventud, sentimientos que, con el tiempo, irán nutriendo su amor por este país. Bien se podría alegar que no es posible construir el amor a la patria con arreglo a mentiras. Aceptado, sólo que estamos frente a una mentira piadosa con un gran contenido emotivo y sentimental, un ejemplo heroico que todos debemos imitar y seguir. Por todo ello, creo que debemos insistir en la figura del Pípila, que es tanto como insuflar patriotismo y amor a México en las nuevas generaciones. Un amor que evidentemente todos necesitamos poseer para construir el México que creemos merecernos.

 

 

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